Artículos·8 de agosto de 2026 · 6 min de lectura
Cómo elegir psicólogo
Cinco preguntas que conviene hacer antes de agendar, y que sirven para evaluar cualquier consulta — incluida esta.
Por Camilo Fajardo, psicólogo y neurocientífico
Buscar psicólogo se parece bastante a buscar mecánico: uno no tiene cómo evaluar lo que le están ofreciendo, así que decide por recomendación, por cercanía o por precio. Y a diferencia del mecánico, aquí el resultado tarda semanas en verse.
No hace falta ser experto para elegir bien. Hacen falta cinco preguntas, y ninguna de ellas es incómoda de hacer — un profesional serio las responde sin ponerse a la defensiva. Sirven para cualquier consulta, incluida la nuestra.
1. ¿Qué formación tiene, y en qué?
Psicólogo, psiquiatra y psicoterapeuta no son sinónimos. El psiquiatra es médico y puede formular medicación. El psicólogo clínico hace evaluación y psicoterapia. El neuropsicólogo evalúa funciones cognitivas con pruebas normalizadas. Y «psicoterapeuta» o «coach» no son títulos protegidos de la misma manera.
En Colombia el ejercicio de la psicología está regulado por la Ley 1090 de 2006, que exige título profesional y tarjeta profesional. Preguntar por eso es razonable y no ofende a nadie.
2. ¿Con qué enfoque trabaja, y por qué ese?
Hay varios enfoques con respaldo — cognitivo-conductual, aceptación y compromiso, EMDR (desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares) para trauma, sistémico para pareja y familia. La pregunta útil no es cuál usa, es por qué ese para tu caso.
La señal de alarma no es un enfoque concreto: es que la respuesta sea la misma para todos los casos. Cuando alguien atiende todo con la misma técnica, la técnica termina definiendo qué problema se ve.
3. ¿Cómo vamos a saber si esto está funcionando?
Es la pregunta que más información da y la que menos se hace. Un proceso serio tiene objetivos conversados, no solo sesiones que se acumulan. No hace falta un indicador numérico; sí hace falta poder responder, a las seis u ocho semanas, en qué se nota.
Desconfía por igual de dos respuestas: la que promete resultados en un número fijo de sesiones, y la que no acepta ninguna revisión porque «esto lleva su tiempo».
4. ¿Cuánto cuesta, y qué pasa si falto?
Tarifa, frecuencia, duración de la sesión, política de cancelación y si hay factura. Todo eso debería quedar claro antes de la primera cita, no descubrirse después. Que un consultorio no lo diga de entrada no lo hace malo, pero sí lo hace más difícil de comparar.
5. ¿Y si no funciona con usted?
Esta es la prueba de fuego. El vínculo terapéutico —la sensación de que quien te atiende entiende lo que le estás diciendo— es una de las variables que más consistentemente se asocia con un buen resultado, por encima del enfoque concreto que se use.
Un profesional que puede decir con naturalidad «si a las tres o cuatro sesiones no te sientes cómodo, lo hablamos y te oriento a otra persona» está diciendo algo importante sobre sus prioridades. Uno que se lo toma como un cuestionamiento personal también.
Dos señales de alarma
- Diagnóstico en la primera sesión, sin evaluación. Nombrar rápido tranquiliza y por eso vende. Un diagnóstico serio necesita historia, y a veces pruebas.
- Promesas de cura. Nadie puede garantizar un resultado que depende de la persona, del contexto y de factores fuera de la consulta. Quien lo garantiza, o no lo sabe o lo sabe y aun así lo dice.
Y si no sabes ni por dónde empezar
Es lo más común. No hace falta llegar con el problema clasificado ni con el relato ordenado: ordenar el relato es parte del trabajo. Si quieres ver cómo es un proceso de principio a fin, está descrito en cómo funciona; y si prefieres empezar por lo que sientes, el índice de lo que atendemos está organizado así.