Qué atendemos·Ánimo, ansiedad y bienestar personal

Aprender a quererse.

La voz de adentro es la más dura, y ningún logro alcanza para sentirse suficiente.

La baja autoestima rara vez se presenta con ese nombre. Llega como perfeccionismo que agota, como incapacidad para recibir un elogio, como postergar decisiones por miedo a equivocarse, o como una comparación permanente en la que uno siempre sale perdiendo. Lo característico no es pensar mal de uno mismo de vez en cuando: es que ese juicio funciona todo el tiempo y en segundo plano. Esta página está pensada para adultos.

Y no se arregla acumulando logros. Quien tiene ese mecanismo instalado convierte cada logro en el nuevo mínimo exigible, y vuelve a empezar al día siguiente.

Cuándo conviene consultar

  • La exigencia no te deja descansar. Terminas algo y lo único que sientes es alivio por no haber fallado.
  • Dejas de intentar cosas para no exponerte a hacerlo mal. No te postulas, no opinas, no empiezas.
  • Te cuesta pedir lo que necesitas o decir que no, porque sientes que no te corresponde.
  • En tus relaciones aceptas menos de lo que das por miedo a que te dejen.

La autoestima no es un diagnóstico, y no hace falta que lo que te pasa tenga un nombre para trabajarlo. Si lo que más pesa es decir que no, también puede servirte la ficha de poner límites; si es el miedo a que te dejen, la de dependencia emocional.

Un proceso con forma

A diferencia de otros motivos de consulta, aquí el trabajo tiene una estructura definida: catorce sesiones organizadas en siete fases de dos. No es una camisa de fuerza —el ritmo se ajusta— pero saber de entrada cuántas sesiones son y qué se hace en cada tramo cambia la experiencia de empezar.

  • Ver el mecanismo. Identificar la voz crítica, cuándo aparece y a quién se parece. Casi nunca es una voz propia de origen.
  • Tomar distancia del pensamiento. Aprender a observar lo que la mente dice sin obedecerlo — que es distinto de discutirlo o de intentar creerse lo contrario.
  • Recuperar los valores propios. Qué importa de verdad, por debajo de lo que se supone que debería importar.
  • Practicar la autocompasión. Tratarse en los momentos difíciles como se trataría a alguien querido, que es una habilidad que se entrena y no un rasgo que se tiene.
  • Actuar en dirección a esos valores. Acciones comprometidas, pequeñas y verificables, aunque la voz crítica siga hablando de fondo.

El objetivo no es silenciar la autocrítica —eso no ocurre— sino que deje de decidir. Que se pueda hacer lo que importa con ella diciendo lo que dice.

Qué esperar

Este trabajo va más despacio que el de un síntoma concreto, y hay una razón. No se está corrigiendo una conducta puntual sino una forma de hablarse a uno mismo que lleva años instalada. No conviene medirlo por semanas.

Lo primero que se mueve no suele ser el contenido de la autocrítica sino la relación con ella — antes la voz era la verdad, después es una voz. Suena a poco y no lo es: entre creerse un pensamiento y notar que se está teniendo un pensamiento cabe casi todo lo demás. Y el destino tampoco es sentirse estupendo todo el tiempo, que es una expectativa que hace más daño que bien. Es que un mal día deje de convertirse automáticamente en un juicio sobre quién es uno.

Cuándo puede haber algo más

A veces la mala opinión de uno mismo es parte de otra cosa: una depresión, un cuadro de ansiedad o experiencias que dejaron marca. Si la valoración inicial lo muestra, se dice y el plan se ajusta para trabajarlo también. Cuando hace falta, la psiquiatra del equipo valora dentro del mismo proceso.

Preguntas frecuentes

¿Cuántas sesiones son?

En este caso hay un número definido: catorce, organizadas en siete fases de dos. No es una regla rígida. El ritmo se ajusta contigo. Saber de entrada cuántas son y qué se hace en cada tramo suele hacer más fácil empezar.

No creo que me quiera poco, creo que soy muy exigente. ¿También es para mí?

Puede serlo. La baja autoestima casi nunca llega con ese nombre. Aparece como un perfeccionismo que agota, como dificultad para recibir un elogio o como miedo a decidir por si te equivocas. No necesitas ponerle nombre para consultar: basta con contar lo que vives.

¿La idea es que deje de criticarme?

No exactamente. La voz crítica no se apaga por completo. Lo que se busca es que deje de decidir por ti, que puedas hacer lo que te importa aunque esa voz siga hablando.

¿Cuándo voy a notar algún cambio?

Este trabajo va más despacio que el de un síntoma concreto, porque toca una forma de hablarte que lleva años contigo. Por eso no conviene medirlo por semanas. Lo primero que suele moverse es tu relación con la voz crítica: antes la tomabas como la verdad, y con el tiempo empiezas a notarla como una voz más.

¿Puedo hacer la terapia en línea?

Sí. Puedes conectarte desde cualquier lugar de Colombia, y si prefieres venir en persona atendemos en Bogotá y en Cajicá. La consulta es particular y la sesión cuesta $200.000.

Dónde y cómo

Presencial en Bogotá y Cajicá, y en línea desde cualquier lugar de Colombia. La consulta es particular: se paga directamente, sin trámite de autorización ni tiempos de espera. La sesión cuesta $200.000 — tarifa publicada, sin sorpresas.

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