Qué atendemos·Pareja y familia
Ruptura y separación.
Miras otra vez si se conectó, el clóset quedó a medias y las noches se hacen largas.
Los primeros días pasan raros. Te despiertas y por un segundo se te olvida, y enseguida vuelve todo. Revisas el celular para ver si escribió o si cambió la foto. Escribes un mensaje largo y lo borras, o lo mandas y te arrepientes. En la casa hay un cajón vacío y cosas que todavía no sabes a quién le tocan. Los amigos en común no saben con quién quedarse, y tú tampoco tienes claro qué contarles. Esta página está pensada para adultos.
Una ruptura mueve más de lo que se ve desde afuera. Se va una persona, y con ella una rutina, unos planes, una casa y a veces una familia entera. Por eso puede quitar el sueño y el hambre, y traer en un mismo día rabia, culpa, alivio y ganas de volver. Que te afecte tanto no quiere decir que seas débil. Tampoco importa quién decidió terminar: a quien se fue también le duele.
Esta es una terapia individual, para quien terminó una relación o se está separando, también en medio de un divorcio. Si los dos todavía quieren intentarlo, la puerta es la terapia de pareja. Si sabes que esa relación te hace daño y no logras salir de ella, mira dependencia emocional. Y si la pérdida es la muerte de alguien, la ficha de duelo está pensada para eso.
Cuándo conviene consultar
- Los días no se acomodan. Pasan las semanas y sigues durmiendo mal, comiendo a deshoras o sin poder concentrarte en el trabajo.
- No logras dejar de escribirle. O de revisar sus redes, aunque cada vez quedes peor.
- La rabia o la culpa ocupan el día. Repasas una y otra vez quién falló, qué dijiste o qué debiste haber visto.
- El miedo a quedarte solo o sola pesa más que la tristeza. A veces empuja a buscar a alguien pronto, solo para no sentirlo.
- Hay mucho por decidir y no logras pensar. La casa, la plata o los horarios de los hijos, y cada conversación con tu expareja termina mal.
No hace falta que haya pasado mucho tiempo, ni que la relación haya sido larga, para consultar.
Cómo se trabaja
El proceso empieza escuchando la historia: cómo era la relación, cómo terminó y qué ha pasado desde entonces. El foco está en ti y en cómo están siendo tus días.
- Pasar las primeras semanas. Qué hacer con el sueño, con las noches largas y con las ganas de escribirle. Se arma un plan para los momentos que más cuestan, como el domingo o la hora en que antes hablaban.
- Darles un lugar a la rabia y a la culpa. Se revisa con calma qué te tocaba a ti y qué no. Con terapia cognitivo-conductual se trabajan ideas como «todo fue culpa mía» o «nadie me va a volver a querer así».
- Rehacer las rutinas. Las comidas, los fines de semana y los planes que eran de dos. Se piensa también qué hacer con los amigos en común y con la familia de tu expareja.
- Llegar con más calma a lo que hay que decidir. Se prepara cómo llegar a esas conversaciones y qué quieres cuidar en ellas.
- Mirar si hay algo que se repite. Si sientes que tus relaciones terminan siempre de la misma manera, el proceso puede mirarlo cuando el momento lo permita.
Si el sueño o el ánimo están muy afectados, la psiquiatra del equipo puede valorarte dentro del mismo proceso, en diálogo con quien te acompaña en terapia.
Qué esperar
La primera cita es una conversación: qué te trae, desde cuándo, qué has intentado y qué te gustaría que cambie. Puedes llegar a la semana de terminar o meses después, y contarlo en desorden. Sales con una idea de la ruta y del siguiente paso, que todavía no es un diagnóstico. Qué pasa en la primera sesión lo cuenta con más detalle.
El proceso no busca que vuelvan. Tampoco que olvides rápido. Nadie puede prometer ninguna de las dos cosas, y apurarlas suele salir mal.
Lo primero que suele cambiar es lo de todos los días. Duermes un poco mejor, pasas una tarde sin revisar el celular o ves una foto sin que se arruine el día. Con el tiempo, la relación deja de ocuparlo todo y queda como una parte de tu historia. Ahí aparece espacio para pensar qué quieres ahora.
Habrá días que se sienten como volver al principio. Un cumpleaños, una canción o la noticia de que la otra persona está con alguien. Son esperables, y en sesión se revisan para ajustar el plan, sin empezar de cero.
Cada sesión dura 50 minutos. Al comienzo suelen ser semanales, y se espacian a medida que los días se acomodan. Cuántas hacen falta no se sabe de entrada. Cada cierto tiempo se mira contigo qué cambió y se decide si seguir, ajustar o cerrar. Es la misma persona de la primera a la última sesión.
Cuando hay hijos
Con hijos, la relación termina y la crianza sigue. Una parte del proceso puede servir para pensar cómo contarles y cómo organizar la vida entre dos casas.
A los niños les sirve oír la noticia de los dos, si se puede, con palabras simples y sin los detalles de lo que pasó entre los adultos. Algo así: «Decidimos que no vamos a seguir viviendo juntos. Es una decisión de grandes y no pasó por nada que tú hayas hecho. Los dos te vamos a seguir queriendo y cuidando». Después conviene contarles qué cambia para ellos: dónde van a dormir, cuándo ven a cada uno y qué se queda igual.
Lo que más les ayuda es no quedar en el medio. Eso quiere decir no llevar mensajes, no escuchar quejas del otro y no tener que elegir. Es esperable que pregunten lo mismo muchas veces, que se enojen o que estén más pegados por un tiempo. Si a tu hijo o a tu hija le está costando, también lo atendemos, desde los 4 años. Si la casa entera necesita reacomodarse, mira terapia familiar.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto tarda en pasar una ruptura?
No hay un tiempo correcto. Más que contar los meses, conviene mirar si el dolor va cambiando de forma. Si pasan las semanas y todo sigue igual que el primer día, vale la pena consultar.
Yo fui quien terminó. ¿Por qué me siento tan mal?
Porque decidir terminar no quita la pérdida. También se va una rutina, unos planes y una parte de la vida que era compartida. Puede haber alivio y tristeza al mismo tiempo, y culpa por el dolor del otro. Todo eso se puede hablar en sesión.
¿Y si todavía quiero volver?
Es frecuente, sobre todo al principio. El proceso no te empuja a volver ni a cerrar la puerta: te ayuda a pensarlo con más calma. Si los dos quieren intentarlo, la terapia de pareja es la puerta. Si vuelves y te vas una y otra vez, mira dependencia emocional.
¿Sirve si la relación fue corta, o si nunca fue formal?
Sí. Lo que duele no depende de los meses ni de si había un nombre para la relación. Si te tiene así, merece un espacio.
¿Puedo hacer la terapia en línea?
Sí, desde cualquier lugar de Colombia o del exterior. Si prefieres venir, atendemos en Bogotá y en Cajicá. La sesión cuesta $200.000 y se paga directamente, sin autorización de la EPS.
Dónde y cómo
Presencial en Bogotá y Cajicá, y en línea desde cualquier lugar de Colombia o del exterior. La consulta es particular: se paga directamente, sin trámite de autorización ni tiempos de espera. La sesión cuesta $200.000 y dura 50 minutos — tarifa publicada, sin sorpresas. Si participa psiquiatría, su consulta cuesta $250.000.