Qué atendemos·Niños, adolescentes y aprendizaje
Adolescentes.
Pasa las tardes con la puerta del cuarto cerrada, contesta con monosílabos y ya no sabes si es la edad o algo más.
A la mesa llega tarde, contesta «bien» o «normal» y se va otra vez para el cuarto. El celular no se apaga ni de día ni de noche. Las notas bajaron, ya casi no nombra a los amigos de antes y cada mañana cuesta más que salga para el colegio. A veces ya llamaron del colegio a preguntar qué está pasando. Cuando intentas hablar, la conversación se acaba en dos frases o en un portazo.
Buena parte de lo que cambia entre los 12 y los 17 años es esperable. Querer más privacidad, preferir a los amigos antes que a la familia, discutir las reglas y tener días de mal genio hacen parte de crecer. Que tu hijo o tu hija se aleje un poco no quiere decir que haya dejado de necesitarte, ni que lo hayas hecho mal. Lo que conviene mirar es cuánto dura el cambio, en cuántas partes de su vida se nota y cuánto le está quitando.
Esta página está pensada para mamás, papás y cuidadores de adolescentes. Si eres tú quien lo está pasando mal, más abajo hay una parte para ti.
Cuándo conviene consultar
- Ya no es una mala semana. El ánimo bajo o el mal genio se sostienen por semanas, y se notan en la casa, en el colegio y con los amigos.
- Dejó lo que le gustaba. El deporte, la música o los planes de siempre quedaron atrás, y no los cambió por otra cosa.
- El colegio se volvió una pelea. Le duele el estómago el domingo en la noche, pide quedarse en la casa o las notas bajaron sin una explicación clara.
- El sueño y la comida cambiaron. Se acuesta de madrugada con el celular y en la mañana no hay forma de que se levante, o come mucho menos o mucho más que antes.
- En la casa ya no se puede hablar. Cualquier pregunta termina en silencio o en discusión, y los adultos ya no saben cómo acercarse.
No hace falta tener claro qué le pasa, ni esperar a que el colegio lo pida, para consultar. Si lo que más se nota es la preocupación, el desánimo o la comida, las fichas de ansiedad, depresión y conducta alimentaria cuentan cómo se ve en adolescentes. Si lo que más pesa es la forma en que se mira a sí mismo o a sí misma, mira también autoestima.
Cómo se trabaja
El proceso tiene dos partes que van juntas. Tu hijo o tu hija tiene un espacio propio en consulta desde la primera cita. Y la familia participa, porque buena parte de lo que pasa ocurre en la casa.
- Un espacio propio. Sesiones a solas para hablar de lo que le pesa con sus palabras y a su ritmo, con alguien que no es de la familia ni del colegio.
- Entender qué está pasando. Se mira con calma qué hay detrás del encierro, del mal genio o de las notas. Puede ser el ánimo, algo con los amigos o en el colegio, el sueño o varias cosas a la vez.
- Herramientas para el día a día. Con terapia cognitivo-conductual aprende a manejar la preocupación, el desánimo o la rabia, y a ponerle nombre a lo que siente antes de que estalle o se lo guarde.
- Volver de a poco. El colegio, los amigos o lo que dejó se retoman en pasos pequeños que se pueden cumplir. Dormir a una hora más estable hace parte de ese plan.
- Acuerdos en la casa. En las sesiones con la familia se revisa cómo se están hablando y se negocian acuerdos sobre el celular, las salidas y las tareas que todos puedan sostener.
Si en la evaluación aparece la duda de algo más, como dificultades de atención o de aprendizaje, se conversa con ustedes y se plantea qué valoración conviene. Si el sueño, el ánimo o la ansiedad están muy afectados, la psiquiatra del equipo puede valorarle dentro del mismo proceso, en diálogo con quien le acompaña en terapia. Que la opción exista no significa que se use.
Qué esperar
La primera cita incluye a la familia y también un rato a solas con tu hijo o tu hija. Sirve para entender qué ha cambiado, desde cuándo, qué han intentado y qué les gustaría que cambie. No hace falta llegar con la historia ordenada ni con un nombre para lo que pasa. Salen con una idea de la ruta y del siguiente paso, que todavía no es un diagnóstico. Hay más detalle en qué pasa en la primera sesión.
Es común que llegue de mala gana y hable poco las primeras veces. Eso no quiere decir que el proceso no esté sirviendo. La confianza con quien le acompaña se construye con tiempo, y suele tomar más de una sesión.
Lo primero que cambia suelen ser cosas pequeñas. Una comida que no termina en pelea, una mañana en la que sale para el colegio con menos lucha, un plan con amigos que vuelve. Nadie busca un adolescente de buen genio todo el tiempo, ni uno que lo cuente todo. Se busca que vuelva a tener lugar para lo suyo y que en la casa se pueda hablar otra vez. Cuánto tarda en notarse depende de lo que esté pasando, y nadie puede prometerlo de entrada.
Hay semanas que se devuelven, sobre todo con los exámenes, un cambio de colegio o un problema con los amigos. En sesión se revisan para ajustar el plan, sin empezar de cero.
Cada sesión dura 50 minutos. Al comienzo suelen ser semanales, y se espacian a medida que las cosas se acomodan en la casa y en el colegio. No hay un número fijo: cada cierto tiempo se revisa con tu hijo o tu hija y con ustedes qué cambió, y se decide si seguir, ajustar o cerrar. Es la misma persona de la primera a la última sesión.
Para mamás, papás y cuidadores
Ver a tu hijo o a tu hija así cansa y asusta, y es fácil pasar de la preocupación al regaño. Ayuda más estar disponible que interrogar. Un rato juntos sin preguntas, como llevarle a algún lado o ver algo en la misma pantalla, suele abrir más conversaciones que sentarse a hablar «en serio». Cuando cuente algo, escucha antes de corregir. Si hay más de un adulto en la crianza, ayuda que se pongan de acuerdo antes de hablar con él o con ella. Cuidarte también cuenta.
Si no quiere venir, propónselo lejos de una pelea y de la entrega de notas. Empieza por lo que ves: «Te noto sin ganas hace semanas y ya casi no sales. Me preocupa cómo estás. ¿Vamos a una cita y después lo hablamos?». Dale algo que pueda decidir, como el horario o si la primera vez es en línea. Evita presentarla como castigo. Si aun así se niega, el trabajo puede empezar con ustedes. Hay más ideas en mi hijo no quiere ir a terapia.
Si eres tú quien lo está pasando mal
Si llegaste a esta página buscando por tu cuenta, esta parte es para ti. Que te cueste levantarte, que nada te provoque o que todo te dé rabia no quiere decir que algo esté mal contigo, ni que seas un problema para tu familia. Hablarlo con alguien de afuera puede ayudarte a entender qué te pasa. En consulta tienes un espacio propio desde la primera cita, y no hace falta que llegues sabiendo qué decir. Para contárselo a tu familia, una frase corta alcanza: «No me estoy sintiendo bien y quiero hablar con alguien». Si te queda más fácil, pídele a un adulto de confianza que te ayude a pedir la cita.
Preguntas frecuentes
¿Cómo sé si es la edad o algo más?
Mira tres cosas: cuánto dura, en cuántos lugares se nota y cuánto le quita. Unos días de mal genio después de un problema con los amigos hacen parte de crecer. Si el cambio se sostiene por semanas y ya se nota en el colegio, con los amigos y en el sueño, vale la pena consultar. En la primera cita se ordena lo que ven, sin que tengan que traer la respuesta.
No quiere venir. ¿Puedo empezar yo?
Sí. Una parte de lo que puede cambiar está en cómo responde la casa, y eso se trabaja con los adultos aunque tu hijo o tu hija todavía no venga. Cuando ve que en su casa consultar es algo que también hacen los adultos, la negativa suele ablandarse con el tiempo.
¿Esto quiere decir que lo hemos hecho mal?
No. Lo que vive un adolescente casi nunca tiene una sola causa. Influyen su temperamento, el momento que atraviesa, el colegio, los amigos y lo que pasa alrededor. El proceso no busca culpables. Busca que en la casa haya más formas de acompañarle.
¿El problema es el celular?
A veces es parte, y pocas veces lo explica todo. En el celular están sus amigos, y también es un lugar para no pensar en lo que le pesa. Quitarlo de golpe como castigo suele aumentar la pelea sin tocar lo de fondo. En el proceso se mira qué hay detrás y se buscan acuerdos de horario, sobre todo para la noche.
¿Se puede hacer en línea?
Sí, también si viven fuera del país. A algunos adolescentes les resulta más fácil empezar así, y en la primera cita se acuerda qué modalidad conviene. Atendemos en Bogotá y en Cajicá. La sesión cuesta $200.000 y se paga directamente, sin autorización de la EPS.
Dónde y cómo
Presencial en Bogotá y Cajicá, y en línea desde cualquier lugar de Colombia o del exterior. La consulta es particular: se paga directamente, sin trámite de autorización ni tiempos de espera. La sesión cuesta $200.000 y dura 50 minutos — tarifa publicada, sin sorpresas. Si participa psiquiatría, su consulta cuesta $250.000.
También atendemos
- AnsiedadPreocupación que no baja, insomnio, sensación de alerta constante.
- DepresiónTristeza sostenida, pérdida de interés, cansancio que no cede con el descanso.
- Conducta alimentariaLa comida, el peso y el cuerpo ocupan el centro del día.
- AutoestimaTe hablas peor de lo que le hablarías a cualquiera.