Qué atendemos·Ánimo, ansiedad y bienestar personal
Insomnio.
Son las 3 de la mañana, el sueño se fue otra vez y la cabeza ya empezó a hacer cuentas.
Te acuestas con sueño y, apenas apagas la luz, la cabeza arranca: lo que quedó pendiente, lo que dijiste en la reunión, lo de mañana. Otras noches te duermes rápido y a las 3 abres los ojos. Miras el reloj, calculas cuántas horas te quedan, y esa cuenta ya no te deja volver a dormir. Cuando suena la alarma te levantas como si no hubieras dormido. En el día cuesta concentrarse, la paciencia se acorta y el café ya no alcanza. Esta página está pensada para adultos.
Dormir mal no es falta de disciplina, ni algo con lo que haya que resignarse. Casi siempre el insomnio empieza por algo concreto: una época de problemas, un duelo, un cambio de trabajo, un bebé en la casa. Después el cuerpo aprende a estar alerta en la cama. Te esfuerzas por dormir, y ese mismo esfuerzo espanta el sueño. Así el insomnio puede seguir cuando lo que lo empezó ya pasó.
Una mala noche de vez en cuando le pasa a cualquiera, antes de un viaje o después de una discusión. Vale la pena mirarlo cuando se vuelve costumbre y el día empieza a girar alrededor de cómo dormiste.
Cuándo conviene consultar
- Duermes mal varias noches por semana. Y ya van semanas, o meses.
- El día lo paga. Te cuesta concentrarte, se te olvidan cosas, andas de mal genio o el sueño te gana en una reunión.
- La noche te preocupa antes de que llegue. Desde la tarde piensas en si vas a poder dormir.
- Solo duermes con ayuda. Una pastilla, una copa, una serie o el celular hasta que se te cae de la mano.
- Ya probaste de todo. Aromáticas, aplicaciones, melatonina, acostarte más temprano. Algo sirve unos días y luego todo vuelve igual.
No hay un mínimo de noches para consultar. Mientras más pronto se mira, menos tiempo tiene el patrón para asentarse.
Cómo se trabaja
El proceso empieza por entender cómo son tus noches y cómo son tus días. Muchas veces se arranca anotando durante unos días a qué hora te acuestas, cuándo te despiertas y cómo amaneces. Así se ve el patrón con datos y no solo con el cansancio. Lo que se acuerda en sesión se ensaya en la semana y se revisa en la siguiente.
- Horarios que el cuerpo pueda aprender. Levantarte a la misma hora todos los días, también el fin de semana y también después de una mala noche. Quedarte en la cama para recuperar suele desordenar la noche siguiente.
- La cama vuelve a ser para dormir. Si el sueño no llega, levantarte un rato, ir a otra parte de la casa con luz baja y volver cuando aparezca el sueño. Se trata de dejar de dar vueltas horas en la cama, con el celular o con el trabajo encima.
- Un lugar para la preocupación que no sea la almohada. Un rato temprano en la noche para anotar los pendientes y lo que te da vueltas, para que no te esté esperando cuando apagas la luz.
- Hacer las paces con el reloj. Voltearlo, dejar de mirar la hora en el celular y soltar la cuenta de cuánto te queda, que es lo que más despierta a las 3 de la mañana.
- Bajar el ritmo antes de acostarte. Revisar lo que pasa en la última hora del día: pantallas, café en la tarde, trabajo en la cama. También la copa para dormir, que ayuda a quedarse dormido y suele empeorar la madrugada.
Si lo que te desvela es el trabajo, que sigue sonando en la cabeza a medianoche, en estrés laboral y agotamiento hay más sobre eso. Las dos cosas se pueden trabajar juntas.
Qué esperar
La primera cita es una conversación: cómo son tus noches, desde cuándo duermes así, qué has intentado y qué te gustaría que cambie. No hace falta llegar con un registro ni con un nombre para lo que te pasa. Sales con una idea de la ruta y del siguiente paso, que todavía no es un diagnóstico. Qué pasa en la primera sesión lo cuenta con más detalle.
Lo primero que suele cambiar es la relación con la noche. Acostarte deja de ser una pelea, y la cama deja de dar miedo. Más adelante, muchas personas notan que se duermen antes o que, si se despiertan, vuelven a dormirse con menos lucha. Y el día empieza a rendir otra vez.
Al comienzo, ajustar los horarios puede dejarte con más sueño durante el día por un tiempo. Es esperable, y en sesión se ajusta el plan si hace falta.
No se promete dormir ocho horas seguidas todas las noches. Las noches malas van a seguir apareciendo de vez en cuando, como le pasa a cualquiera, sobre todo en épocas de más carga. La diferencia es que una mala noche deja de arrastrar la semana entera. Cuando vuelven, se revisan en sesión para ajustar, sin empezar de cero.
Cada sesión dura 50 minutos. Al comienzo suelen ser semanales, y se espacian a medida que las noches se estabilizan. Cuántas hacen falta no se sabe de entrada. Cada cierto tiempo se mira contigo qué cambió y se decide si seguir, ajustar o cerrar. Es la misma persona de la primera a la última sesión.
Para quien duerme al lado
Muchas veces quien duerme al lado lo nota primero: las vueltas, la luz del celular a las 3, los pasos de alguien que se levanta y no vuelve. Y luego una mañana de pocas palabras. Frases como «relájate» o «no pienses en nada» suelen sumar presión, porque nadie se duerme a la fuerza. Ayuda más que la noche no se vuelva un tema de vigilancia: que pueda levantarse sin dar explicaciones y que la mañana no empiece con «¿cuánto dormiste?». Si la luz o el ruido les quitan el sueño a los dos, vale la pena buscar un arreglo sin culpas. Si quieres proponerle consultar, hazlo de día y desde lo que ves: «Te noto sin fuerza hace semanas y sé que las noches están difíciles. ¿Y si lo miras con alguien?». Y si notas que ronca fuerte o que por momentos parece dejar de respirar mientras duerme, cuéntaselo, porque eso conviene que lo revise un médico.
Preguntas frecuentes
Ya tomo algo para dormir. ¿Lo tengo que dejar?
No por tu cuenta. Dejar de golpe lo que tomas para dormir puede traer noches peores o síntomas de retirada. Cuéntalo en la primera cita. Si hace falta revisarlo, la psiquiatra del equipo puede valorarte dentro del mismo proceso, en diálogo con quien te acompaña en terapia. Si más adelante se decide dejarlo, la salida también se planifica.
¿El insomnio puede ser ansiedad o depresión?
A veces vienen juntos. Si lo que no te deja dormir es una preocupación que no baja, puede haber ansiedad. Si además del sueño se apagaron las ganas y el ánimo lleva semanas abajo, conviene mirar si hay una depresión. Eso se ordena en la primera cita, y el plan trabaja el sueño y lo que venga con él.
Llevo años durmiendo mal. ¿Todavía sirve?
Vale la pena intentarlo. Un insomnio de años suele sostenerse por costumbres y temores que se fueron armando noche tras noche, y eso se puede trabajar aunque lleve tiempo. Nadie puede prometerte cuánto vas a mejorar ni en cuánto tiempo. Cada cierto tiempo se revisa contigo qué cambió.
¿Cuántas horas tengo que dormir?
No hay una cifra que sirva para todo el mundo, y perseguir un número suele quitar más sueño. Lo que más dice es cómo estás de día: si te alcanza la energía, si te concentras, si te queda paciencia. Con esa medida se piensa el objetivo.
¿Qué puedo hacer esta noche?
Algo sencillo. Si llevas un rato largo dando vueltas y ya te da rabia, levántate. Haz algo tranquilo con luz baja en otra parte de la casa, hasta que vuelva el sueño. Deja el reloj fuera de la vista. Y mañana levántate a tu hora, aunque hayas dormido poco. Con eso no se resuelve un insomnio de meses, pero es el punto de partida de lo que se trabaja en terapia.
Dónde y cómo
Presencial en Bogotá y Cajicá, y en línea desde cualquier lugar de Colombia o del exterior. La consulta es particular: se paga directamente, sin trámite de autorización ni tiempos de espera. La sesión cuesta $200.000 y dura 50 minutos — tarifa publicada, sin sorpresas. Si participa psiquiatría, su consulta cuesta $250.000.
También atendemos
- AnsiedadPreocupación que no baja, insomnio, sensación de alerta constante.
- DepresiónTristeza sostenida, pérdida de interés, cansancio que no cede con el descanso.
- Estrés laboral y agotamientoEl trabajo se mete en el descanso, el sueño y el ánimo.
- Valoración psiquiátricaMeses durmiendo mal, una medicación que no te sienta o algo del cuerpo que quieres descartar.