Qué atendemos·Ánimo, ansiedad y bienestar personal
Duelo.
Alguien falta, el mundo sigue como si nada y uno no sabe muy bien cómo seguir.
Después de la muerte de alguien querido, el dolor llega en oleadas. Hay días en que parece que se puede, y otros en que una canción o una fecha lo trae todo de vuelta. En un mismo día pueden aparecer tristeza, rabia, culpa y a veces alivio. Algunas personas sienten muy poco, como si estuvieran en pausa. Todo eso cabe dentro de un duelo. Atendemos a adultos, y también a niños y adolescentes: más abajo hay un apartado sobre cómo lo viven ellos.
El duelo no es algo que haya que curar. Es la forma en que una persona se va acomodando a una ausencia, y cada quien lo vive a su manera y a su tiempo. Pero a veces se atasca: pasan los meses y el dolor no cambia de forma, o la vida se quedó detenida en el día de la pérdida. Hay pérdidas que no son una muerte y duelen parecido, como una separación, un diagnóstico o un país que se dejó.
Cuándo conviene consultar
- Pasan los meses y el dolor sigue igual de intenso, sin días un poco más livianos.
- Cuesta aceptar que ocurrió. Esperas que la persona aparezca, o evitas todo lo que la recuerde.
- La culpa no te suelta y vuelves una y otra vez a lo que pudiste hacer distinto.
- Tu vida se detuvo. El trabajo, el sueño o el cuidado de ti y de otros se quedaron sin hacer.
- Aparecen ideas de querer irte con quien se fue o de que no vale la pena seguir. En ese caso no esperes a una cita: el recuadro de arriba dice a dónde llamar hoy.
No hace falta que el duelo sea «complicado» para pedir acompañamiento. Algunas personas consultan porque quieren un lugar para hablar de quien se fue sin tener que cuidar a nadie mientras lo hacen.
Cómo se trabaja
El proceso empieza escuchando la historia: quién era esa persona, cómo fue la pérdida y qué ha pasado desde entonces. No hay un camino único ni etapas que haya que cumplir en orden.
- Dar lugar al dolor. Hablar de quien se fue, de lo que se extraña y de lo que quedó pendiente, sin tener que estar bien al final de la sesión.
- Volver de a poco a la vida. Retomar rutinas, amistades y actividades sin sentir que eso traiciona a quien murió.
- Revisar la culpa. Mirar con calma los «y si hubiera…» y lo que de verdad se podía saber en ese momento.
- Construir otra forma de vínculo. El lazo con quien murió no tiene que romperse para seguir adelante. Se puede llevar de otra manera.
- Atender lo traumático. Cuando la muerte fue repentina o violenta y las imágenes de ese momento no dejan en paz, el trabajo puede incluir EMDR (desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares).
Si el sueño o el ánimo están muy afectados, la psiquiatra del equipo puede valorarte dentro del mismo proceso, en diálogo con quien te acompaña en terapia.
Qué esperar
El objetivo no es dejar de extrañar. Con el tiempo, el dolor suele cambiar de forma: pasa de ocupar todo el día a aparecer en momentos, y el recuerdo empieza a traer también cariño. Las fechas importantes pueden seguir doliendo durante años, y eso no quiere decir que algo esté mal.
Cada duelo tiene su ritmo, y el proceso se ajusta a él. Lo habitual es que haya días buenos y días que se sienten como un retroceso. Esos días hacen parte del camino y se conversan en sesión. Poco a poco, muchas personas pueden hablar de quien se fue con menos miedo a romperse.
Si acompañas a alguien en duelo
Muchas veces no hay nada que decir que lo arregle, y no hace falta. Ayuda más nombrar a la persona que murió, escuchar cuando quiera hablar de ella y ofrecer ayuda concreta, como una comida, una vuelta o compañía en una fecha difícil. Frases como «ya está en un lugar mejor» o «tienes que ser fuerte» suelen cerrar la conversación en vez de abrirla. Si el duelo es de toda la familia, cada uno puede vivirlo a un ritmo distinto, y eso también se puede trabajar en consulta.
En niños y adolescentes
Los niños viven el duelo por ratos. Pueden estar tristes un momento y jugar al siguiente, y eso no significa que no les importe. Conviene contarles lo que pasó con palabras sencillas y verdaderas, a su edad, y dejar que pregunten. En consulta se acompaña también a los adultos, que muchas veces no saben qué decir mientras atraviesan su propia pérdida.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto debería durar un duelo?
No hay un tiempo correcto. Más que contar los meses, conviene mirar si el dolor va cambiando de forma o si todo sigue igual que al principio. Si la vida se quedó detenida, vale la pena consultar.
¿Es normal sentir alivio o rabia?
Sí, sobre todo después de una enfermedad larga o de una relación difícil. Esos sentimientos conviven con el cariño y no lo borran. Hablar de ellos sin juicio suele quitarles parte de la culpa que traen.
¿Pedir ayuda quiere decir que no puedo con esto?
No. Muchas personas consultan para tener un espacio propio donde hablar de la pérdida sin cuidar a otros. Pedir acompañamiento es una forma de cuidarte en un momento difícil.
¿También atienden duelos que no son por una muerte?
Sí. Una separación, la pérdida de un embarazo, un diagnóstico o dejar el país también pueden doler como un duelo. Lo que se trabaja es la pérdida tal como tú la vives.
¿Puedo hacer el proceso en línea?
Sí, desde cualquier lugar de Colombia. Si prefieres venir, atendemos en Bogotá y en Cajicá. La sesión cuesta $200.000 y se paga directamente, sin autorización de la EPS.
Dónde y cómo
Presencial en Bogotá y Cajicá, y en línea desde cualquier lugar de Colombia. La consulta es particular: se paga directamente, sin trámite de autorización ni tiempos de espera. La sesión cuesta $200.000 — tarifa publicada, sin sorpresas.
También atendemos
- DepresiónCuando el desánimo se extiende a todo y no cede con el tiempo.
- Trauma y estrés postraumáticoSi la pérdida fue repentina o violenta y las imágenes vuelven.
- AnsiedadCuando después de la pérdida aparece el miedo a perder a alguien más.
- Terapia familiarSi el duelo es de toda la casa y cada uno lo vive distinto.