Qué atendemos·Ánimo, ansiedad y bienestar personal

Ataques de pánico.

De repente el corazón se acelera, falta el aire y aparece la certeza de que algo grave está pasando.

Llega sin aviso. En pocos minutos el corazón late con fuerza, cuesta respirar y aparecen mareo, hormigueo o una extraña sensación de irrealidad. Muchas personas piensan que les está dando un infarto o que van a perder el control. A veces llega incluso de noche y despierta de golpe. Luego la crisis pasa y deja cansancio y una pregunta: ¿y si vuelve? Esta página está pensada para adultos.

Esa pregunta suele pesar más que la crisis misma. Empiezas a evitar el TransMilenio o el supermercado lleno. Salir sin compañía se vuelve difícil. Cada lugar que dejas trae un alivio corto, y la vida se va achicando sin que nadie lo decida. Lo que pasa en el cuerpo es una alarma que se dispara con toda su fuerza cuando no hace falta. Asusta mucho, y se puede trabajar.

Cuándo conviene consultar

  • Las crisis se repiten. Una sola puede aparecer en una época de mucha tensión. Si ya van varias, conviene mirarlo con calma.
  • Vives pendiente de la próxima. Te tomas el pulso, buscas la salida más cercana o cargas algo «por si acaso».
  • Dejaste de ir a sitios donde temes que te pase: el transporte, las reuniones, las filas o los lugares lejos de casa.
  • Para salir necesitas compañía, aunque antes hacías esas mismas cosas por tu cuenta.
  • Fuiste varias veces a urgencias y los exámenes salieron bien, pero el miedo sigue ahí.

La primera vez que ocurre una crisis así, conviene que un médico revise el corazón y descarte una causa física. Es lo prudente, y además te deja con más tranquilidad para trabajar lo demás.

No hace falta tener un diagnóstico para pedir una cita. La primera conversación sirve para entender qué está pasando y desde cuándo.

Cómo se trabaja

El trabajo se apoya sobre todo en la terapia cognitivo-conductual, un enfoque ampliamente estudiado para las crisis de pánico. Busca que entiendas el mecanismo y practiques otra forma de responderle.

  • Entender la crisis. Qué hace el cuerpo durante una crisis, por qué sube tan rápido y por qué baja. Conocer el mecanismo le quita parte de su fuerza.
  • Revisar la lectura del cuerpo. El corazón acelerado se interpreta como peligro, y esa idea sube la alarma. Se aprende a ver ese círculo y a ponerlo a prueba.
  • Acercarse a las sensaciones. En consulta se provocan con suavidad sensaciones parecidas a las de una crisis, como girar o respirar rápido. Así el cuerpo comprueba que puede sentirlas sin que pase lo temido.
  • Volver a los lugares. Por pasos y con un plan acordado, se retoman los sitios que se dejaron.
  • Soltar las protecciones. La botella de agua, la ventana abierta, el celular en la mano. Ayudan en el momento, pero mantienen la idea de que sin ellas algo malo pasaría.

Si las crisis son muy frecuentes o el sueño está muy afectado, la psiquiatra del equipo puede valorarte dentro del mismo proceso, en diálogo con quien te acompaña en terapia. Se plantea solo si hace falta.

Qué esperar

Las crisis de pánico suelen responder bien al tratamiento. Muchas veces lo primero que cambia es el miedo a tenerlas, antes que el número de crisis. Cuando la próxima deja de parecer una catástrofe, la alarma pierde fuerza y las crisis tienden a espaciarse.

Al comienzo, acercarte a lo que te asusta puede subir el malestar por un tiempo. Por eso se avanza de forma gradual y se revisa cada paso. También puede aparecer una crisis después de semanas tranquilas. Eso no borra lo avanzado, y sirve para usar lo aprendido. Con el tiempo, mucha gente cuenta que las crisis dejaron de decidir a dónde va. Lo que antes se evitaba vuelve a ser parte de la semana.

Si acompañas a alguien que tiene crisis

Ver a alguien en plena crisis asusta, y es natural querer resolverlo rápido. Ayuda más hablarle con calma y recordarle que la crisis sube y luego baja. Quédate cerca sin apurarle. Evita decirle «cálmate» o «no es nada»: lo que siente es real, aunque no sea peligroso. Fuera de la crisis, acompañarle a todas partes para que no le pase alivia hoy, pero puede mantener el miedo mañana. En el proceso se puede acordar cómo ayudar sin hacer por la otra persona los pasos que le tocan.

Preguntas frecuentes

¿Cómo sé que no es el corazón?

La primera vez conviene que un médico lo revise, sobre todo si nunca te han hecho un examen del corazón. Si los resultados salen bien y las crisis se repiten, eso no quiere decir que te lo estés imaginando. Quiere decir que conviene trabajar la alarma en terapia.

¿Puedo perder el control durante una crisis?

Es uno de los miedos más frecuentes. El mareo y la sensación de irrealidad asustan mucho, pero hacen parte de la misma reacción de alarma y bajan cuando la crisis pasa. En consulta se explica cada sensación, para que la próxima vez sepas qué está ocurriendo.

¿Tengo que dejar de evitar todo de una vez?

No. Se avanza por pasos que eliges con quien te acompaña, desde lo que hoy te resulta posible. Cada paso busca ser difícil pero alcanzable.

¿Voy a necesitar medicamentos?

No necesariamente. El trabajo empieza en terapia. Si las crisis son muy intensas o frecuentes, la psiquiatra del equipo puede valorarte dentro del mismo proceso. Que la opción exista no significa que se use.

Si hoy me cuesta salir de casa, ¿puedo empezar en línea?

Sí, desde cualquier lugar de Colombia. Puede ser un buen primer paso. Si más adelante prefieres venir, atendemos en Bogotá y en Cajicá. La sesión cuesta $200.000 y se paga directamente, sin autorización de la EPS.

Dónde y cómo

Presencial en Bogotá y Cajicá, y en línea desde cualquier lugar de Colombia. La consulta es particular: se paga directamente, sin trámite de autorización ni tiempos de espera. La sesión cuesta $200.000 — tarifa publicada, sin sorpresas.

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