Artículos·18 de octubre de 2026 · 6 min de lectura
Olvidos en un papá o una mamá mayor: ¿es la edad o algo más?
Qué olvidos llegan con los años, cuáles conviene revisar y cómo proponerle una valoración a tu papá o tu mamá si no quiere ir.
Por Camilo Fajardo, psicólogo y neurocientífico
Le contaste algo el domingo y el martes te lo vuelve a preguntar como si fuera nuevo. Las llaves aparecen en la nevera. Un día te llama desde el centro comercial de siempre porque no encuentra la salida. Y empiezas a buscar en el celular, casi a escondidas, si es normal que tu mamá olvide tanto.
Una parte de los olvidos llega con los años y no indica nada más. Lo que conviene revisar son los olvidos que cambian lo que tu papá o tu mamá podía hacer solo, como reconocer un camino de siempre o manejar su plata. Una queja de memoria tiene muchas causas posibles, varias de ellas tratables, y una valoración ayuda a distinguirlas. Notarlo no es exagerar ni faltarle al respeto. Muchas veces la familia ve el cambio antes que la persona.
¿Qué olvidos son normales con la edad y cuáles conviene revisar?
Con los años la memoria se vuelve más lenta. Cuesta más aprender algo nuevo y encontrar un dato en el momento justo. Eso es esperable, y casi siempre se compensa con libretas, alarmas y un poco de paciencia. Lo que orienta es cómo olvida, más que cuánto.
Ayuda ponerlo en pares, con escenas de la casa.
- Olvidar el nombre de una vecina y recordarlo en la tarde. Es esperable. Conviene revisarlo si no reconoce el camino de siempre, el que hace a la tienda o a la casa de un hijo desde hace años.
- Perder las llaves y encontrarlas al rato. Es esperable. Conviene revisarlo si ya no puede manejar la plata que siempre manejó: pagar los recibos, contar las vueltas, saber cuánto le queda del mes.
- Entrar a la cocina y no acordarse a qué iba. Es esperable. Conviene revisarlo si repite la misma pregunta en una conversación de diez minutos y no recuerda haberla hecho.
- Necesitar anotar las citas. Es esperable. Conviene revisarlo si olvida conversaciones enteras, o si se le cruzan los medicamentos que antes llevaba solo.
- Una señal que se pasa por alto. Dejar una actividad de siempre, como la cocina, las cuentas de la casa o el crucigrama del periódico. Suele leerse como pereza o desgano, y a veces es la primera pista.
Ninguna de estas señales sola dice qué está pasando. Dicen que vale la pena mirar con más cuidado. Si el cambio fue de un día para otro, eso se mira con un médico ese mismo día.
¿Por qué puede estar olvidando más?
Detrás de una queja de memoria hay muchas causas posibles. Estas son algunas de las más frecuentes.
- El ánimo. En personas mayores, la tristeza a veces no se ve como tristeza. Se ve como lentitud, desinterés y olvidos. Se puede tratar, y cuando el ánimo mejora, la memoria muchas veces también.
- El sueño. Dormir mal durante meses, o roncar con pausas en la respiración, afecta la atención y la memoria del día siguiente.
- Los medicamentos. Algunos de uso frecuente, como ciertas pastillas para dormir, afectan la memoria. El efecto se suma cuando se toman varios a la vez.
- La audición. Quien oye mal parece olvidar lo que en realidad nunca alcanzó a escuchar.
- Algo médico. La tiroides, la falta de vitamina B12 o el consumo de alcohol, entre otras cosas. Eso lo revisa el médico tratante.
- Un deterioro cognitivo. A veces la causa está en el funcionamiento del cerebro, y en ese caso también ayuda saberlo pronto.
La palabra que muchas familias tienen en la cabeza es Alzheimer. Es una posibilidad entre varias, y nadie puede confirmarla ni descartarla mirando desde afuera, ni con un test de internet. Para distinguir entre estas causas sirve una valoración, junto con la revisión médica que corresponda. No hace falta llegar con la pregunta resuelta.
¿Cómo se lo propongo si dice que no tiene nada?
Es frecuente que tu papá o tu mamá se moleste, diga que está perfecto o que no le gusta que lo traten como a un viejo. Esa reacción tiene sentido. A nadie le gusta que le revisen la memoria, y menos por idea de los hijos.
Suele funcionar mejor proponerlo como un chequeo, igual que la vista o la presión, que como la prueba de que algo falla. Por ejemplo: «Me gustaría que te revisaran la memoria, como te revisan la vista cada año. Así tenemos un punto de partida para comparar más adelante». Esa medida de base es una razón real, y deja la decisión en sus manos.
- Elegir el momento. Una tarde tranquila, lejos del día en que se perdió o de una discusión por las llaves.
- Hablar de lo que ves. «Te he notado cansada y preocupada por las cuentas» es algo que se puede conversar. «Ya no te acuerdas de nada» suena a veredicto.
- Dejarle decidir. La sede, el horario, quién lo acompaña. La primera entrevista puede ser en línea, desde la casa, y a veces ese comienzo es más fácil.
- Si hoy dice que no, se puede volver a intentar. En unas semanas, con calma. Insistir todos los días suele endurecer la negativa.
¿Qué pasa en una valoración neuropsicológica?
Son cuatro sesiones de 50 minutos. La primera es una entrevista con tu papá o tu mamá y con alguien cercano, que puedes ser tú. Cada uno ve cosas que el otro no ve: quien consulta sabe qué le cuesta, y la familia nota cambios que esa persona no registra.
Después vienen las pruebas, cara a cara en Bogotá o en Cajicá, porque varias usan material físico. Son tareas de memoria, atención, lenguaje, orientación en el espacio y planeación. Nadie las aprueba ni las pierde. Los resultados se comparan con personas de la misma edad y los mismos años de estudio, para no confundir los años con un deterioro.
El informe se entrega la semana siguiente, en una conversación donde se explica qué se encontró, qué significa y qué se recomienda. La entrevista y esa entrega pueden ser en línea. La valoración completa cuesta $800.000 y es consulta particular.
Hay cosas que la valoración no hace. No da un diagnóstico neurológico ni dice cuánto va a avanzar algo; eso le corresponde al médico. Lo que aporta es una descripción de qué capacidades están conservadas y cuáles no. Puede mostrar un funcionamiento acorde con la edad, un perfil que conviene volver a mirar en un tiempo o señales que piden estudio médico. Si lo que aparece tiene que ver con el ánimo o los medicamentos, la psiquiatra del equipo puede valorarle dentro del mismo proceso, en una consulta de $250.000 que se paga aparte.
¿Y quién te acompaña a ti?
Notar estos cambios en un papá o una mamá mueve muchas cosas. Preocupación, culpa por no haberlo visto antes, discusiones con los hermanos sobre si estás exagerando. Si además ya te encargas de citas, pastillas y cuentas, eso también pesa. En cuidar a un familiar hay ideas para repartir la carga y un espacio que es solo tuyo, aparte del de tu papá o tu mamá.
¿Qué hacer ahora?
Durante dos o tres semanas, anota lo que te preocupa con fechas y ejemplos: qué pasó, dónde y qué hizo después. Esa lista sirve más en la entrevista que un «está olvidando mucho». Reúne también todos los medicamentos que toma, incluidos los naturales y los de venta libre, y pide al médico tratante que revise lo físico.
Para leer con más calma está deterioro cognitivo y memoria, con lo que se descarta primero, y la página de neuropsicología, con el proceso paso a paso. Si quieres orientación, puedes escribirnos sin contar todo el caso. Preguntar no te compromete a nada.